No hubo tiempo para el miedo. Quizás ni siquiera para un último pensamiento. La noche del jueves, en el oeste de Maracaibo, el barrio Libertador volvió a vestirse de balas y silencio. Allí, entre calles de tierra y el eco distante del Complejo Deportivo Patria Joven, la exfuncionaria de la Policía Nacional Bolivariana, Katerine Fuenmayor, de 30 años, fue arrancada de la vida como si el destino hubiera firmado una orden de extracción sin apelación.
Eran pasadas las ocho cuando el rumor de una moto comenzó a crecer en la oscuridad. No era una sola. Los vecinos, acostumbrados a la crudeza del cuadrante, aprendieron hace tiempo a distinguir el ruido de un motor familiar del de una muerte que se acerca. Esta vez no se equivocaron.
Varios sujetos armados bajaron del vehículo con la frialdad de quien ya ha recorrido el camino antes. No llamaron. No preguntaron. Entraron a la fuerza en la vivienda de Fuenmayor, y sin mediar palabra, abrieron fuego múltiple.
Los disparos rompieron la noche en staccato. Dentro, Katerine recibió los impactos de frente. Cayó donde estaba. Sin tiempo para refugiarse, sin chance para huir. Instantáneo, dicen los partes policiales.
Katerine Fuenmayor, la asesinaron
Un adjetivo que en las crónicas de sucesos suele significar una única cosa: no hubo agonía. Pero también significa que no hubo despedida.
Cuando el eco de las detonaciones se disipó, los hombres volvieron a la moto y se perdieron entre las callejuelas del barrio Libertador.
El silencio que dejaron fue más pesado que el ruido. Alguien debió llamar. O quizás fue el llanto. Porque pronto llegaron comisiones de la policía y los funcionarios del Cicpc, que desplegaron operativos de rastrillaje con linternas y preguntas que, por ahora, no tienen respuesta.
¿Quiénes fueron? ¿Un ajuste pendiente? ¿Venganza? ¿Silencio forzado? La exfuncionaria ya no vestía uniforme, pero la memoria de la PNB es una mochila que nunca se abandona del todo.
En Maracaibo, mientras los agentes peinan la zona, la noche se lleva otro nombre. Katerine Fuenmayor, 30 años. Asesinada a tiros. En su casa. Sin mediar palabra.
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