Pablo Rubino, neurocirujano que intervino en la última operación de Diego Maradona, respaldó durante su declaración de este martes a Leopoldo Luque, médico de cabecera del astro y principal acusado en el juicio por su muerte, quien impulsó aquella operación contra la opinión de otros especialistas y cuya participación en el procedimiento se puso en duda.
Rubino acudió a la audiencia de este martes como testigo por su rol como cirujano de la Clínica Olivos, donde el 3 de noviembre de 2020 operaron a Maradona por un hematoma subdural en la cabeza.
Según describió, Maradona sufría un hematoma de 14 milímetros de espesor y unos 130 centímetros cúbicos de volumen, ubicado entre el cráneo y el cerebro y que, en su opinión, debía removerse.
«En cualquier libro de medicina dice que cualquier hematoma de más de 10 milímetros precisa de ser evacuado», explicó Rubino, que subrayó además que en casos como este el hematoma «puede evolucionar y generar una descompensación del paciente» y consideró que la decisión de Luque de operar a Maradona fue «absolutamente razonable».
La última operación de Maradona
El pasado 7 de mayo, dos médicos que evaluaron al exfutbolista días antes de la operación en una clínica en las afueras de Buenos Aires declararon en el juicio y aseguraron que la operación era innecesaria.
Ante aquella negativa y la recomendación de los médicos de mantener «una conducta expectante», Luque, neurocirujano de profesión, coordinó el traslado del exfutbolista a la Clínica Olivos, donde se le practicó la que sería su última operación.
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