Todo iba según el plan: la noche cerrada, la escuela vacía, el silencio cómplice. El hombre calculó bien sus pasos, pero falló en un detalle: el tamaño de la ventana.
Ingresó al plantel educativo de Jalapa Guatemala, en medio de la oscuridad con la intención de llevarse algo de valor. Revolvió, buscó, quizá hasta se sintió afortunado. Pero cuando quiso salir, la misma rendija por la que entró se convirtió en su peor enemiga.
Quedó atrapado, con medio cuerpo de un lado y las piernas del otro, como un ladrón enjaulado por su propio descuido.
No hubo forcejeo con la policía ni persecución digna de película. Su captor fue el marco de una ventana mal calculada. Al verse imposibilitado de moverse, solo le quedó esperar resignado.
Bomberos voluntarios de Guatemala tuvieron que llegar al lugar para liberarlo con herramientas especiales. No fue una misión de alto riesgo, pero sí de alta ironía: el ladrón, que entró a robar sin permiso, terminó necesitando ayuda oficial para poder… irse detenido.
Las autoridades lo identificaron y lo pusieron a disposición de la justicia. La escuela, por su parte, recuperó la calma. Y la ventana, con justicia, quedó como única dueña de la noche.
Fuente: mr.sandiego
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