El sol aún no asomaba en el horizonte de Filas de Mariche cuando el silencio del sector Zumba fue roto por golpes secos, húmedos y certeros. No era leña, ni trabajo de madrugada. Era un hijo descargando toda su furia —potenciada por presunto consumo de alcohol y drogas— contra quien le dio la vida.
En una humilde vivienda del kilómetro 19, parroquia Filas de Mariche, municipio Paz Castillo (Miranda), la noche del lunes 7 de abril guardó un secreto mortal. Dentro, Nova —como ha sido identificada la víctima— dormía el sueño de los justos, ajena a que su propio hijo se convertiría en su verdugo.
Según testimonios de vecinos, el agresor, según, llevaba horas consumiendo licor y sustancias psicotrópicas. En algún momento de la madrugada —quizás entre alucinaciones o rencores nunca confesados— tomó un machete y lo usó una y otra vez contra la cabeza y el cuerpo de su madre. Los golpes fueron tantos y tan violentos que la mujer murió en el acto.
Pero el horror no terminó ahí. El cuerpo de Nova permaneció tendido, ensangrentado, dentro de la misma casa donde había criado a su asesino. Pasó todo el lunes y parte del martes antes de que alguien diera la voz de alarma.
Fue el martes 8 de abril cuando funcionarios policiales, alertados por el fuerte olor y la ausencia de la mujer, forzaron la puerta de la vivienda.
Lo que encontraron heló la sangre de los más veteranos: el cadáver de Nova yacía envuelto en sábanas, como si alguien hubiera intentado borrar la evidencia, pero no el crimen.
Hijo mató a su propia madre
Tras el hallazgo, se activó un operativo relámpago en la zona. La Policía Municipal de Paz Castillo (Polipazcastillo) logró la captura del matricida, quien aún deambulaba cerca del lugar, en estado de shock o quizás sin terminar de entender la magnitud de su propio desgarro.
Zumba amaneció con otro episodio más de violencia intrafamiliar, pero este tiene un peso especial: pocos crímenes duelen tanto como aquellos donde el arma homicida la empuña un hijo. Nova ya no podrá contar su versión. Solo queda el eco de los machetazos en la memoria de un barrio que, una vez más, llora en silencio.
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