Así se ha pronunciado el Pontífice este viernes en una audiencia con el cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede.
«Es necesario revitalizar la diplomacia multilateral y esas instituciones internacionales que han sido queridas y pensadas en primer lugar para poner remedio a los conflictos que pudiesen surgir en el seno de la comunidad internacional. Ciertamente, es necesaria también la voluntad de dejar de producir instrumentos de destrucción y de muerte», ha subrayado.
En este sentido, ha recordado las palabras del papa Francisco advirtiendo de que «la paz tampoco es posible sin un verdadero desarme (y) la exigencia que cada pueblo tiene de proveer a su propia defensa no puede transformarse en una carrera general al rearme».
En su discurso, el Papa ha invitado a los diplomáticos a construir la «paz» con «justicia y verdad», y ha advertido de que la paz no es solo «la mera ausencia de guerra», sino que debe comenzar en «el corazón» arrancando «el orgullo y las reivindicaciones, y midiendo el lenguaje, porque también se puede herir y matar con las palabras, no sólo con las armas».
Además, el Pontífice ha destacado el papel «fundamental» de la libertad religiosa y el diálogo interreligioso para brindar contextos de paz.
Invertir en la familia, «unión estable entre hombre y mujer»
Por otro lado, León XIV ha instado a los líderes a «invertir en la familia, fundada sobre la unión estable entre el hombre y la mujer» y a proteger «la dignidad de cada persona, especialmente de aquellas más frágiles e indefensas, desde el niño por nacer hasta el anciano, desde el enfermo al desocupado, sean estos ciudadanos o inmigrantes».
Según ha precisado, procurar la paz exige practicar la justicia y, por ello, ha animado a esforzarse por remediar las desigualdades globales, que trazan «surcos profundos de opulencia e indigencia entre continentes, países e, incluso, dentro de las mismas sociedades».
«En el cambio de época que estamos viviendo, la Santa Sede no puede eximirse de hacer sentir su propia voz ante los numerosos desequilibrios y las injusticias que conducen, entre otras cosas, a condiciones indignas de trabajo y a sociedades cada vez más fragmentadas y conflictivas», ha añadido, recordando la encíclica ‘Rerum novarum’ de León XIII.
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