En 1986 comenzó el camino de Jacobo Vidarte Donaire en el exigente y vocacional mundo del rescate. Lo que inició como una inquietud de servicio pronto se convirtió en el propósito de toda una vida. Hoy, 40 años después, es referencia obligada para periodistas —especialmente quienes cubren la fuente de sucesos— y un nombre respetado a escala nacional por su versatilidad, seriedad y profesionalismo.
Su convicción quedó sellada en septiembre de 1987, durante la tragedia de El Limón, en el estado Aragua. Aún culminando su curso de formación, participó como rescatista en aquel desastre natural. Allí entendió que había encontrado su lugar: la ayuda al prójimo. Aquella experiencia no solo puso a prueba lo aprendido, sino que despertó en él la necesidad de ampliar conocimientos para ser verdaderamente útil en escenarios complejos.
Se formó en el Grupo de Rescate Valencia, realizando cursos de operaciones helitransportadas, paracaidismo táctico militar —incluso como civil voluntario—, submarinismo y otras especialidades. Más adelante impulsó el Instituto de Búsqueda y Salvamento (I-SAR), incorporando el uso de drones cuando apenas comenzaban a transformar las labores de localización.

Eran otros tiempos
Vidarte se formó en una época sin drones, sin mensajería instantánea y con escasos teléfonos móviles. Eran tiempos de radios, altímetros, brújulas e ingenio. La estrategia y la creatividad eran tan importantes como el equipamiento.
En cuatro décadas ha enfrentado momentos duros: víctimas que se escapan de sus manos, decisiones críticas sobre a quién atender primero en escenarios con múltiples heridos, el manejo del dolor de los familiares. También ha vivido incontables victorias: extraviados encontrados, lesionados rescatados en condiciones adversas y abrazos cargados de gratitud que compensan cualquier sacrificio.
«Importancia del humor negro«
Reconoce la importancia del humor negro como mecanismo para procesar situaciones de alto impacto emocional, así como la serenidad necesaria para liderar en medio del caos. Caminar montañas con mapa y brújula, coordinar radiocomunicaciones y actualizar protocolos forman parte de una disciplina que no admite improvisaciones.

Un orientador de lujo
Con el paso del tiempo, su rol ha evolucionado. De la atención directa de emergencias pasó a escenarios más amplios: liderazgo, enseñanza, gerencia y organización. Hoy asesora, orienta y comparte experiencia, muchas veces brindando simplemente una guía certera o una escucha oportuna.
Su vínculo con los periodistas nació a finales de los años 80. Admira su capacidad para procesar, traducir e investigar la información con precisión y claridad. De ellos aprendió —y sigue aprendiendo— sobre el manejo responsable de la información pública.
Al cumplir cuatro décadas de servicio, más de 14 mil 500 días ininterrumpidos de entrega, Jacobo Vidarte mira atrás con satisfacción. Ha visto instituciones crecer y otras transformarse; ha conocido personas que dejan huella; ha vivido encuentros memorables incluso con la fauna silvestre en escenarios de rescate.
Con el corazón puesto en su familia
Hoy se declara agradecido por lo vivido y esperanzado por lo que vendrá. Con nuevos planes y proyectos, avanza con prudencia, el corazón puesto en su familia y la fe como guía permanente.
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