‎El impacto del descanso mental: ¿por qué el pensamiento nocturno define nuestro bienestar?

El cierre de cada jornada no es solo un proceso biológico, sino un momento crítico para la configuración de nuestra salud emocional y física.

Según las recientes aportaciones de expertos en desarrollo personal y medicina, la forma en que decidimos finalizar el día influye directamente en la calidad de nuestra memoria y en la capacidad de respuesta del organismo ante los desafíos cotidianos.

‎Dormir no significa que el cerebro se detenga; al contrario, es cuando el hipocampo trabaja con mayor intensidad para organizar lo aprendido. El cirujano Mario Alonso Puig advierte que acostarse con preocupaciones o ideas pesimistas es un error estratégico, ya que la mente utiliza esa última emoción como base para reestructurar los recuerdos durante la noche.

‎Al fijar una sensación de derrota o miedo antes de apagar la luz, estamos programando nuestro estado anímico para el día siguiente, reforzando una huella negativa en nuestra configuración neuronal.

‎Los dos rostros del estrés en el cuerpo

‎No todo el estrés es perjudicial. Existe un estímulo positivo, conocido como «eustrés», que nos impulsa a mejorar. Sin embargo, el problema surge con el «distrés» o estrés crónico, que eleva sustancias como el cortisol y el glutamato, desgastando las neuronas y provocando agotamiento físico e irritabilidad.

‎Una persona que vive bajo una amenaza constante, ya sea real o imaginaria, reduce drásticamente su rendimiento porque el miedo bloquea sus capacidades creativas y ejecutivas.

‎Claves para una higiene integral

‎Para contrarrestar estos efectos, se propone un enfoque que abarque tres pilares:

‎ Cuidado físico: el ejercicio aeróbico, el fortalecimiento muscular y una dieta rica en fibra son esenciales, considerando que el intestino actúa como un «segundo cerebro».

‎Gestión de la postura y la risa: gestos tan simples como forzar una sonrisa activan circuitos de bienestar en la ínsula cerebral, demostrando que el cuerpo también influye en la mente.

‎Atención plena: practicar la meditación o centrarse en la respiración ayuda a pasar de una mente errática a una enfocada y serena.

‎El ritual de la gratitud y el papel

‎Una solución práctica para quienes sufren de rumiación nocturna es el ejercicio de la gratitud. En lugar de repasar los problemas, enfocarse en lo positivo ayuda a que la memoria trabaje a nuestro favor.

‎Reducir los problemas al plano físico, escribiéndolos en un papel pequeño, envía una señal simbólica de control al cerebro, permitiendo un descanso mucho más reparador y libre de cargas innecesarias.

Fuente: 2001online

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