En las últimas semanas, la enorme isla, en su mayoría cubierta de hielo y de apenas 57.000 habitantes, se ha convertido en uno de los principales temas de la agenda mundial.
Groenlandia, la isla más grande del mundo, con una superficie de 2,2 millones de kilómetros cuadrados, se sitúa principalmente en el océano Atlántico y forma parte de Dinamarca, aunque goza de una amplia autonomía al ser una entidad que tiene su propio gobierno. Sin embargo, esto no incluye una política exterior, de seguridad y monetaria propia.
En las últimas semanas, Groenlandia, en su mayoría cubierta de hielo y de apenas 57.000 habitantes, se ha convertido en uno de los principales temas de la agenda mundial después de que el presidente electo de EE.UU., Donald Trump, expresara su idea de que este territorio forme parte del país norteamericano, calificándola de «una necesidad absoluta».
A partir de ese momento, la isla se encuentra bajo escrutinio, mientras que sus autoridades descartan tal posibilidad e insisten en que Groenlandia no está en venta, ya que pertenece a los groenlandeses.

Historia: de colonia al autogobierno
Groenlandia ha estado poblada desde hace aproximadamente 4.500 años por diferentes pueblos árticos que emigraron hasta allí. Durante unos 400 años, a partir del 986 d. C., el sur de la isla también estuvo habitado por nórdicos en colonias establecidas por el vikingo, comerciante y explorador noruego Erik el Rojo. Luego, en los años 1200, los primeros inuits, el conjunto de pueblos que habitan los territorios del Ártico, llegaron a Groenlandia y desde aquel entonces constituyen la mayoría de la población.
Hasta el año 1814 Groenlandia estuvo bajo dominio noruego y danés, primero como la Unión de Kalmar y después como el Reino de Dinamarca y Noruega, que llegó a su fin cuando Dinamarca, como perdedor en las guerras napoleónicas, cedió Noruega al reino de Suecia. Sin embargo, esto no incluía las antiguas posesiones noruegas, incluida Groenlandia, que así permanecieron bajo control danés.
No obstante, ya después de casi un siglo, cuando Noruega se independizó plenamente de Suecia en 1905, se negó a reconocer la soberanía danesa sobre Groenlandia, por lo que en 1931 la despoblada costa oriental de la isla —que denominó las autoridades noruegas como la Tierra de Erik el Rojo— se ocupó y reclamó como territorio noruego. Pero dos años después, la Corte Permanente de Justicia Internacional se pronunció en contra de Noruega, por lo que Oslo abandonó su reclamación.
Groenlandia, Isla más grande del mundo
En 1953, el estatus de colonia fue derogado y el territorio fue reconocido como provincia de Dinamarca. En ese mismo año, Groenlandia obtuvo su representación en el Parlamento del reino. Más tarde, en 1979, el Gobierno danés concedió la autonomía a la isla, aunque con la condición de que Copenhague mantuviera las competencias en materia de relaciones exteriores y defensa.
En 2009, entró en vigor la decisión de la población de Groenlandia expresada en un referéndum a favor de un mayor grado de autogobierno, por lo que las autoridades locales tomaron el control del sistema de seguridad, judicial y de la guardia costera, mientras que el groenlandés fue aceptado como idioma oficial.
Ese paso también significó que el pueblo groenlandés fue reconocido como pueblo independiente conforme al derecho internacional, lo que supone que goza del poder de separarse y formar un nuevo Estado independiente en cualquier momento y que Dinamarca no puede vender el país por encima del autogobierno de Groenlandia.
Pretende declarar unilateralmente su independencia
No obstante, si Groenlandia pretende tener derecho a declarar unilateralmente su independencia de Dinamarca, tiene que demostrar que es o ha sido una colonia y que aún no ha ejercido libremente su derecho de autodeterminación.
Relaciones con EE.UU.
La primera vez que Washington planteó la posibilidad de comprar Groenlandia fue en 1867, cuando William H. Seward, el entonces secretario de Estado, negociaba con Dinamarca la adquisición de Santo Tomás y San Juan, y el entonces ministro del Tesoro Robert J. Walker le sugirió «la conveniencia de obtener de la misma potencia Groenlandia, y probablemente también Islandia», por la abundancia de recursos pesqueros y minerales.
Si bien en 1868 se informó que las negociaciones para adquirir Groenlandia e Islandia por 5,5 millones de dólares en oro estaban casi terminadas, Seward no hizo ninguna oferta, probablemente porque el proyecto de adquirir las Indias Occidentales Danesas, ahora conocidas como las Islas Vírgenes de EE.UU., no fue aprobado en aquel entonces por el Congreso del país norteamericano.
Durante la Segunda Guerra Mundial, EE.UU. obtuvo el permiso para desplegar sus fuerzas armadas en bases groenlandesas. Incluso cuando Dinamarca logró recuperar la soberanía sobre Groenlandia después de la derrota de las potencias del Eje, Washington pudo conservar allí su presencia militar, por ejemplo, con la base aérea.
Fuente: RT




