El adiós a dos leyendas eternas del madridismo, el técnico más laureado, Carlo Ancelotti, y el jugador con más títulos de la historia del Real Madrid, Luka Modric, inundó de sentimiento y emoción el Santiago Bernabéu, que se bañó en lágrimas de despedida, mientras Kylian Mbappé marcaba un doblete para dar el triunfo ante la Real Sociedad y acercarle a la ‘Bota de Oro’.
Era el fin de una era. Con más tristeza que fútbol. Con más añoranza que presente a una etapa ya instalada entre las de mayor gloria del Real Madrid. El último capítulo de una liga sin nada en juego, más que el orgullo y el deseo estadístico de Mbappé para ser ‘Bota de Oro’.
Los últimos instantes de ver la magia de Modric desplegarse con la camiseta blanca en el césped del Bernabéu. El reconocimiento al éxito del técnico que mejor representa los valores del Real Madrid, Ancelotti, en una segunda etapa inesperada que mejoró la primera.
Ganando todo lo que podía ganar para marcar un nuevo techo de títulos a los técnicos que vengan en el futuro. El primero, Xabi Alonso.
Sin la intensidad de un partido de élite, con una Real Sociedad mermada y el reconocimiento a la cantera de Imanol Alguacil en su último día. Su merecido baño de masas ya ocurrió en San Sebastián con el reconocimiento a su labor, devolviendo al equipo de su corazón a la conquista de un título y a competiciones europeas. Con un mal epílogo que provoca la decisión de su adiós, fuera de los ocho primeros puestos y de Europa.
De la Real Sociedad que acarició la remontada en la semifinal de Copa del Rey marcando cuatro goles en el Bernabéu quedó poco. Sin mordiente arriba y con Sergio Gómez perdonando la ocasión más clara, cuando Tchouaméni cometió un error de jugador que no juega en su demarcación.
Adiós de Modric y Ancelotti
Eligió mal y dejó un pasillo que provocó el mano a mano del rival y la parada del partido de Lunin, con mano firme abajo.
El partido era de dominio madridista, con Mbappé enchufado desde el inicio por su objetivo. Encontró a los siete minutos un balón filtrado de Lucas Vázquez, que también se despedía del Beranbéu alejado de los focos, fiel a su imagen, y la respuesta rápida abajo de Marrero repleta de reflejos.
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